En Omaindo no nos limitamos a hablar de jugadas o movimientos de ajedrez, sino que queremos ayudaros a conocer el trasfondo de este famosísimo juego. Por eso, una vez al mes subiremos una pequeña biografía de cada una de las piezas, para que podáis conocer su historia y características principales. Hemos decidido comenzar con una a la que suelen llamar “la menos importante”, pero que es la que más posibilidades ofrece. Nos referimos, por supuesto, a los peones.

Para empezar, su movimiento es uno de los más sencillos. Una casilla hacia delante o hacia atrás, salvo que vayan a comer otra pieza (en cuyo caso avanzan una en diagonal). En el primer movimiento de cada bando, el peón puede moverse dos casillas hacia delante o, por el contrario, avanzar dos peones una casilla cada uno. Si en algún momento de la partida un peón alcanza el borde opuesto del tablero, podrá convertirse en cualquier pieza que elija, excepto el rey.

Históricamente, siempre se ha relacionado esta pieza con el concepto de la infantería, ya que representa a los soldados de a pie, de bajo rango. Tanto en el chaturanga (el precursor hindú del ajedrez, como os habíamos comentado en artículos anteriores) como en las vertientes que surgieron en siglos posteriores en Europa.

No será hasta la Edad Media cuando se comenzó a identificar al peón con la clase baja de la época, trabajadores con bajo nivel de estudios: los campesinos. De hecho, se dio un trasfondo más profundo a la historia de la pieza, comparando su posibilidad de aumentar su valor (convirtiéndose en otra pieza al alcanzar el otro lado del tablero) con la moralidad de la época. Si se sigue el camino virtuoso y te esfuerzas en mejorar, puedes aumentar tu valía.

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Debido a que tienen una escasa movilidad pero una gran cantidad, los peones suelen utilizarse “en conjunto”, empleando la estrategia para crear barreras que bloqueen los movimientos del adversario o dificulten las jugadas de sus piezas. Sin embargo, su debilidad es precisamente ese concepto de “bloque”. En cuanto un peón abandona la zona protegida por las piezas de su color, es realmente débil a los ataques contrarios. 

Por todos estos motivos, los peones han acumulado a lo largo de los siglos una fama injusta que los han llevado a ser enormemente subestimados. Son una barrera muy efectiva contra figuras como la torre o el alfil. Y su bajo valor los convierte en unos excelentes atacantes, ya que su pérdida no afecta demasiado al balance final de la partida. Además, sus posibilidades de “coronación” los convierten en una variable difícil de controlar para el oponente. Más de una partida ha cambiado totalmente su curso por la conversión de un peón en una reina, creando al instante un jaque mate inesperado… y brillante. 

Tenemos mucha información para ti, y estamos seguros que puede serte de gran utilidad. Tanto si te sientes identificado o identificada con las características de las personas que pueden necesitar un entrenamiento de la mente, como si consideras que nuestra propuesta puede ser útil para algún familiar tuyo, un hijo o una persona mayor.

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